Rastreadores

Shadow wolves

El desierto de Sonora en el que la frontera de 120 Km entre Arizona y Mexico se sitúa, es un lugar inhóspito. El lado americano, o la nación como la llaman allí, es del tamaño de Connecticut y está habitado por más de 13000 miembros de tribus. La relación es de 1 persona por 1,6 kilómetros cuadrados. En verano las temperaturas pueden llegar a alcanzar los 50 grados y el clima es seco debido a las pocas lluvias anuales. En invierno, esas temperaturas bajan a niveles insoportables. Es un lugar donde el sol martillea constantemente, vientos levantan y salpican arena. No hay calles y existen pocas carreteras pavimentadas. De ahí que algunos puedan decir que es un lugar sin vida, abandonado o como nos referimos antes, inhóspito. Bien, no se puede estar más equivocado.

 

 

Este terreno está lejos de ser un páramo donde apenas hay actividad. Es un nido de vida. Hay miles de especies que por su naturaleza agresiva y mecanismos de defensa; pican, muerden, apestan, no tienden a considerarse favorables a la vida.

Por ejemplo, el tamaño del monstruo de gila es suficiente para asustar a cualquiera, eso sin hablar de su veneno, el cuál fue descubierto por los Indios hace siglos con un fin curativo, y ahora se sintetiza para dilatar vasos sanguíneos estrechos.

 

 

*Quiero hacer un pequeño hincapié en la palabra indio. Mucha gente cree que el término indio es despectivo y usan nativo americano en su lugar. Esto es un error, las tribus indias lo consideran una falta de respeto y un insulto. Ellos quieren que se les llame Indios, pues durante cientos de años es el nombre que ellos se asignaban.*


Sin embargo, que esta zona de frontera con Mexico esté tan poco poblada por humanos aparece como una oportunidad para la proliferación de cierta actividad: el contrabando de droga.


El verano ha llegado con toda su fuerza, el sol aprieta y solo se escuchan los sonidos que la fauna y el viento nos dejan distinguir. Sin interrumpir este equilibrio de la naturaleza, entre mezquites y cactus un scout indio parece haber encontrado lo que estaba buscando.

 

Una hoja desprendida de un arbusto Creosote es su primera pista, seguido de una rama partida aun húmeda al tacto. En las cercanías, un parche de tierra muestra el lugar donde los posibles contrabandistas han intentado evadir su rastro intentando ocultar las huellas de un vehículo con una rama. Esta artimaña no es nada frente a las enseñanzas de sus ancestros.


Y es que desafortunadamente para los contrabandistas un indio Tohono O'odham, perteneciente a un grupo de élite llamado "Shadow Wolves", les sigue el rastro. 



Shadow Wolves es la única unidad de rastreo de Seguridad Nacional formado por indios. Incluye miembros Navajo, Lakota y de las tribus Blackfoot. Algunos los consideran los mejores cazadores de personas en el mundo. Desde 2007 solo pueden tener 15 miembros en activo. El nombre deriva del modo en que los lobos cazan; en manada.

Mientras una verja de millones de dólares, drones y sensores guardan la frontera que cruza el desierto, esta unidad usa los mismos métodos que sus antepasados desarrollaron en la caza de ciervo y pecarí para detectar intrusos en el mismo.



La técnica de rastreo que usan se conoce como "Cutting Sign" y se enseña en la infancia. 'Requiere mucha paciencia. Buscas algo que es casi invisible. Pero es la emoción de la caza.'- dice.



Él se arrodilla para estudiar el hallazgo y puede decir que el vehículo, probablemente un Chevrolet, se dirige hacia el norte, Phoenix. Subiéndose a su propio 4x4 se adentra en la broza, botando salvajemente por el cactus y bajando al lecho del río seco, siguiendo las señales invisibles al ojo inexperto. Al contrario que sus ancestros está armado con un rifle de asalto M-4 y una pistola semiautomática

Al poco tiempo, se divisa el Chevrolet. Está estacionado y ha sido escondido parcialmente detrás de un cactus y apresuradamente tapado con una lona de camuflaje.


Los contrabandistas han huido. Dentro, un pequeño alijo de marihuana, pero la carga principal ha desaparecido. 


Probablemente hay observadores del cartel escondidos que hayan avisado a los contrabandistas. Estos observadores sobrepasan en número a los Shadow Wolves y están equipados con gafas de visión nocturna, teléfonos móviles y radios para contactar con las mulas.


Este es el juego del gato y el ratón que se produce diariamente y pese a las apariencias los Shadow Wolves tienen un gran índice de éxito, especialmente durante las noches..

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